¡DON QUIJOTE!
¡Señor de los caminos!
¡Poderoso Señor!... ¡Sin par guerrero
que recorres los ámbitos del cielo,
en pos del deshonor y el desatino
que hacen blandir tu brazo justiciero!
Amparado en “tu Yelmo de Mambrino”,
con arrojo de tigre
por lo fiero,
castigas al mendaz y al malandrino
con los mellados filos de tu acero...
Con tu adarga esquelética y añosa,
caballero ejemplar, tu enhiesta lanza
está siempre dispuesta a la aventura
que forjan
con ribetes de locura
la pena imaginaria de una hermosa
o el entuerto que clama tu venganza...
En las luchas que emprendes sin cordura,
lo mismo a los molinos
que a los leones
te enfrentas por igual, con tal bravura,
que has dejado esculpido en los blasones
que la Heráldica pende en tu armadura,
el lance en que cambiaste el triste nombre
que llenó de tristeza tu figura...
Yo también como tú,
solo y errante,
camino por el mundo sin destino...
sin hallar en mi paso vacilante
la luz
que en mis tinieblas adivino...
sin hallar en la cruel desesperanza
que fatiga mi viaje peregrino,
ni siquiera consuelo en Sancho Panza...
¡Camino insatisfecho
y anhelante,
sin saber
ni entender
por qué camino!...
Pero voy...
y mi mente se recrea
pensando que es verdad lo que imagino...
¡Cuántas veces en alas de mi ensueño
convertí a Rocinante en Clavileño!...
¡Cuántas, la fantasía que me rodea
miró en cualquier Aldonza
a Dulcinea!...
¡Señor de los ideales con que sueño!...
¡Quiero seguir viviendotus locuras!...
¡Quiero seguir vagando en tus andanzas!...
¡Quiero hallar como tú
en mis amarguras,
razón
a mis quimeras
y esperanzas!...
Y cuando vea que al fin de la jornada
no puedo prolongar
mi absurdo empeño,
porque mi torpe andar
ya no te alcanza,...
cuando sienta que el arma ya me cansa
y que ha llegado el fin
de mis querellas...
¡Quiero envidioso ver
en el sendero en que contemple tus lejanas huellas,
tu perenne figura
entre luceros,
empeñada en luchar
con las estrellas!...
¡Señor de los caminos!
¡Poderoso Señor!... ¡Sin par guerrero
que recorres los ámbitos del cielo,
en pos del deshonor y el desatino
que hacen blandir tu brazo justiciero!
Amparado en “tu Yelmo de Mambrino”,
con arrojo de tigre
por lo fiero,
castigas al mendaz y al malandrino
con los mellados filos de tu acero...
Con tu adarga esquelética y añosa,
caballero ejemplar, tu enhiesta lanza
está siempre dispuesta a la aventura
que forjan
con ribetes de locura
la pena imaginaria de una hermosa
o el entuerto que clama tu venganza...
En las luchas que emprendes sin cordura,
lo mismo a los molinos
que a los leones
te enfrentas por igual, con tal bravura,
que has dejado esculpido en los blasones
que la Heráldica pende en tu armadura,
el lance en que cambiaste el triste nombre
que llenó de tristeza tu figura...
Yo también como tú,
solo y errante,
camino por el mundo sin destino...
sin hallar en mi paso vacilante
la luz
que en mis tinieblas adivino...
sin hallar en la cruel desesperanza
que fatiga mi viaje peregrino,
ni siquiera consuelo en Sancho Panza...
¡Camino insatisfecho
y anhelante,
sin saber
ni entender
por qué camino!...
Pero voy...
y mi mente se recrea
pensando que es verdad lo que imagino...
¡Cuántas veces en alas de mi ensueño
convertí a Rocinante en Clavileño!...
¡Cuántas, la fantasía que me rodea
miró en cualquier Aldonza
a Dulcinea!...
¡Señor de los ideales con que sueño!...
¡Quiero seguir viviendotus locuras!...
¡Quiero seguir vagando en tus andanzas!...
¡Quiero hallar como tú
en mis amarguras,
razón
a mis quimeras
y esperanzas!...
Y cuando vea que al fin de la jornada
no puedo prolongar
mi absurdo empeño,
porque mi torpe andar
ya no te alcanza,...
cuando sienta que el arma ya me cansa
y que ha llegado el fin
de mis querellas...
¡Quiero envidioso ver
en el sendero en que contemple tus lejanas huellas,
tu perenne figura
entre luceros,
empeñada en luchar
con las estrellas!...
Carlos Cea y Díaz.
Todos llevamos dentro del alma, aún sin saberlo, algo del iluso personaje central de esa gran obra literaria del ingenio humano: Don Quijote de La Mancha.
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