(para leerse en voz baja...
lentamente...)
lentamente...)
Quiero Señor...
hablarte en el lenguaje
más profundo y secreto...
¡Sin que sepa el aliento
de mis labios
de queda o de rencor!
¡Que mis ojos
te digan lo que siento!...
Que a la luz que tu lámpara refleja,
en la expresión sublime del silencio
llegue a ti mi dolor...
¡Como el perfume
que se envuelve en los grises de tu incienso!
Quiero hablarte Señor,
con el latido que vibra en mis entrañas,
y hacerlo sin temor...
Serenamente...
¡Sin pedirte nada!
Decirte en una forma diferente
que es la insondable gratitud que siento
lo que hace mi plegaria tan extraña,
que es la muda emoción que me estremece
lo que me impide que en la voz te rece...
Que vengo a ti.
Con la misión divina
de perdonar al que escupió mi frente...
de bendecir al que inculpó mi vida...
¡De acallar esta queja que escondida,
profunda y palpitante
llevo dentro de mí...
como un presente del dolor presente!
¡Como un recuerdo del dolor distante!...
... y no, Señor,
no busco recompensa...
Sólo me basta con seguir tu huella...
¡Esa huella radiante
y luminosa
de la doctrina inmensa y generosa
con que me hablaste de olvidar la ofensa!
¡Me basta sólo con sentirte cerca...
con hallar un refugio solitario
para entregarte esta oración secreta!...
Y aunque estoy con el alma desolada
porque siento que todo lo he perdido,
que no me queda nada...
¡Me basta con saber que estás conmigo!...
Y con poder decirte en mi agonía:
¡Gracias te doy, Señor, porque he sufrido!...
¡Se hizo tu voluntad... y no la mía!
hablarte en el lenguaje
más profundo y secreto...
¡Sin que sepa el aliento
de mis labios
de queda o de rencor!
¡Que mis ojos
te digan lo que siento!...
Que a la luz que tu lámpara refleja,
en la expresión sublime del silencio
llegue a ti mi dolor...
¡Como el perfume
que se envuelve en los grises de tu incienso!
Quiero hablarte Señor,
con el latido que vibra en mis entrañas,
y hacerlo sin temor...
Serenamente...
¡Sin pedirte nada!
Decirte en una forma diferente
que es la insondable gratitud que siento
lo que hace mi plegaria tan extraña,
que es la muda emoción que me estremece
lo que me impide que en la voz te rece...
Que vengo a ti.
Con la misión divina
de perdonar al que escupió mi frente...
de bendecir al que inculpó mi vida...
¡De acallar esta queja que escondida,
profunda y palpitante
llevo dentro de mí...
como un presente del dolor presente!
¡Como un recuerdo del dolor distante!...
... y no, Señor,
no busco recompensa...
Sólo me basta con seguir tu huella...
¡Esa huella radiante
y luminosa
de la doctrina inmensa y generosa
con que me hablaste de olvidar la ofensa!
¡Me basta sólo con sentirte cerca...
con hallar un refugio solitario
para entregarte esta oración secreta!...
Y aunque estoy con el alma desolada
porque siento que todo lo he perdido,
que no me queda nada...
¡Me basta con saber que estás conmigo!...
Y con poder decirte en mi agonía:
¡Gracias te doy, Señor, porque he sufrido!...
¡Se hizo tu voluntad... y no la mía!
Carlos Cea y Díaz
Me pareció adecuada ésta época para compartir este poema. Para mí es el más intenso de la inspiración de mi Maestro Carlos. Hoy comparto esta plegaria para elevarla hasta donde se encuentre Maestro, se le extraña mucho y no hay manera de manifestar mi agradecimiento y admiración.
Gracias a quien lea estas líneas. Les deseo una gran temporada de felicidad y paz.
Gracias a quien lea estas líneas. Les deseo una gran temporada de felicidad y paz.
2 comentarios:
Un poema precioso, en estos días de Navidad.
Quiero agradecer tu paso por mi espacio dejando siempre la huella perfumada de tus letras, y aprovecho para desear lo mejor en estas Navidades con un sincero abrazo.
:-) Besitos y se feliz.
Muchas felicidades!
Espero que estas fiestas estén llenas de amor y paz. Que inicie un Año Nuevo muy próspero y exitoso.
Suerte siempre, mis mejores deseos.
Seguimos letreándonos ;)
Un abrazo!
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