domingo, 23 de noviembre de 2008

El corralón

Pues en una tónica anecdótica, hoy contaré mi aventura del jueves 20 en el DF, la capital de la nación mexicana. Resulta que en uno de esos destellos de brillantez emocional mía. Acompañé a mi quesito a la Ciudad de México a una entrevista laboral. Justamente en la intersección de Av. Insurgentes con Chilpancingo, muy cerca de la estación del metro del mismo nombre "encontré" casualmente lugar para estacionar mi auto entre otros dos autos.

En un lapso de tiempo menor a los 15 minutos, en que sólo le di la vuelta a la cuadra caminando, ¡al regresar a buscar mi auto ya no estaba! No puedo describir la sensación de horror que me invadió, el primer pensamiento que llegó a mi mente obviamente fue que algún ladrón había hecho gala de su habilidad llevando consigo mi patrimonio.

Y totalmente equivocado no estuve. Se encontraba en el lugar una patrulla, y frente a un agente que llamaba por celular, un incauto individuo en el que me vi reflejado. El Oficial al teléfono preguntaba a la "central de corralones" (o algo así), por la unidad propiedad de aquél individuo. Entonces me acerqué al mismo y pregunté lo más empáticamente que pude: -¿Dejaste estacionado tu auto aquí?, en eso el Oficial se dirigió al individuo y le comentó que su auto se encontraba en el corralón del centro histórico. Entre comillas "me tranquilicé" al menos supe que no se había llevado mi auto un ladrón cualquiera, y podría recuperarlo.

El servicial agente me hizo el amable favor de preguntar mediante llamada telefónica, también por la ubiación de mi auto y me indicó que se dirigía al corralón de "Las Águilas"; acto seguido nos brindó al individuo y a mi los número telefónicos de la "central de Corralones" así como de los respectivos Corralones en que tendríamos que recuperar nuestros vehículos. Con particular distinción y atenta educación nos solicitó de manera respetuosa una cooperación para su tarjeta de celular (y así poder seguir ayudando a la ciudadanía) haciendo énfasis que el monto recaía en lo que nuestra voluntad dictara, acotando claro que podrían ser "aunque sea" 20 pesitos.

Al final, francamente le entregué gustoso los 20 pesos. Si el oficial no se hubiera encontrado ahí, la verdad es que la histeria me hubiera dominado y no sabría que hacer. Al menos ahora sabía dónde ir. Llamé al número que me indicó y solicité la información requerida para recuperar mi vehículo. Se me informó que como el auto se encuentra a mi nombre, tendría que presentar en original y dos copias, mi identificación oficial (credencial de elector), mi licencia de conducir, y la tarjeta de circulación del auto; además de una constancia de no adeudo del pago de tenencia vehicular.

Debo aclarar que realmente me estacioné en lugar prohibido, sobre el paso peatonal en esa intersección, y francamente no me di cuenta.

Esperé a mi quesito, mientras tanto saqué las fotocopias y nos dirigimos al lugar en un taxi, puesto que no tenía la menor idea de cómo llegar de otra forma. Por supuesto había una larga fila de conductores enojados haciendo el trámite de recuperación, mientras seguían entrando autos remolcados.

La gente no cesaba de criticar a los agentes y al sistema, sin percatarse que con ello promovían que la atención fuera más lenta y tediosa. Mientras yo únicamente me limitaba a bromear con mi quesito acerca de que no podría negar que conmigo compartirá experiencias que ningún otro hombre le ofrecerá y llegará a lugares que nadie más le mostrará.

Llegó mi turno, entregué mis papeles y relativamente rápido fue mi trámite. El monto total de la multa mas el arrastre fue de 530 pesos, y finalmente recuperé mi poco sexappeal (no es mucho, es un tsurito, pero es todo lo que tengo). La mala noticia es que le dieron dos rayones a la pintura. Después de eso fuimos a comer para posteriormente emprender el camino de vuelta a mi querido estado de Morelos.

A pesar de todo fue un día muy especial, gracias Quesito. Es el día que más tiempo he compartido con ella desde que la suerte nos marcó distintos caminos. Lo cual me lleva a la mención del aprendizaje y recomendaciones de esta aventura.

Serenidad y Paciencia: No hay que tomar el primer lugar para estacionarse, aunque tengamos prisa debemos revisar si no hay disco de prohibición y ahora sé que debo fijarme en las rayas del paso peatonal. Estar entre dos coches no evita que te lleve la grúa (cosa que yo creía firmemente), de hecho puede provocar daños al auto cuando la grúa se lo lleve por la dificultad de acceso. Y aunque nuestro diablito tacaño nos diga al oído que no paguemos estacionamiento, sale más fregado pagar, el taxi, las copias y la multa, además de la pérdida de tiempo; así que si no encontramos lugar pues a entrar a los estacionamientos de los restaurantes, plazas comerciales, etc.

Conservar la calma: El susto inicial es tremendo, pero antes de reaccionar a la idea del robo vehicular debemos reflexionar si pudo ser que se lo llevara la grúa. En el DF averiguar a los siguientes teléfonos: Central de corralones 50044165, Corralón de las águilas 55936891. Esta información se puede corroborar si es que me hubiese equivocado en http://www.finanzas.df.gob.mx/, además de que ahí puedes consultar tu adeudo en la tenencia e imprimir la hoja para el trámite de recuperación.

Al mal tiempo buena cara: Como dice Dale Carnegie, si queremos recoger miel no hay que dar puntapiés a la colmena. Tratar con amabilidad y respeto a la gente que nos está atendiendo, si no agiliza la atención al menos no la retarda.

Como dice Serrat, hoy puede ser un gran día si nos lo planteamos así. Y si tenemos la fortuna de contar con la compañía de un ser especial un día cualquiera se puede volver mágico independientemente de las circunstancias. No iba yo a desperdiciar el poco tiempo que tuve oportunidad de compartir con mi quesito para amargarme y echarlo a perder. No sé si volveré a tener otra vez ese privilegio.

Agradezco enormemente el tiempo que hayan dedicado a leer este rollo, salió más largo de lo que pensé. No he recibido acercamientos de gente del DF, pero tal vez algún día, jaja. Gracias Jess, Pinkys y Marlén por no abandonarme a mi suerte. Voloro enormemente que estén ahí.

2 comentarios:

J dijo...

jaja, pues eres de los mios, cuando es uno quien ha cometido el error, lo unico que puedes esperar es saber cual es procedimiento que corresponde por tu falta y aprender la lección y tambien me ha tocado regañar severamente cuando el agente de transito solo quiere pasarse de listo y por experiencia te digo que el bien actuar y sin querer torcer las reglas siempre termina volteando las cosas a tu favor y eso si como has dicho respetando a todo a quien este involucrado, el insulto y mal humor no solucionada absolutamente nada. Menos mal que solo ha sido el susto y la lección aprendida, el dinero viene y va...

-J

Nelsi dijo...

Jaja Mike gracias por estar al pendiente de mis escritos, se te agradece de corazón... y pues si como tu mismo dijiste "algunos nunca sabemos", de eso se trata..

Abrazos, Nelsi